Tres libros (a petición de Radio Exterior)

Es verdad que usted puede leer novela, ensayo… incluso poesía sin que eso haga mella en su condición de buen ciudadano, o ciudadana. Hay un tipo de libros que no le incomodarán ahora que usted ha dejado de fumar, paga unas facturas de espanto por el uso de internet, le da por toser cuando aparecen en la tele algunas escenas subidas de tono y aprieta siempre el tubo del dentífrico desde abajo.

Es usted una persona modélica y vivirá sin sobresaltos, aunque pobre.

Pero en el Periódico Irreverentes les aseguramos cualquier cosa, excepto ese aburrimiento mortal en que tanta gente ha decidido instalarse. Y le recomendamos por eso que pruebe a pasarse con nosotros al lado oscuro…  

Tal vez no haya reparado en que los libros provocadores comienzan en las portadas. Le aconsejamos que busque un libro negro, sobre el que anda un escarabajo cubierto de ágatas que devora palabras: verá que se titula “Microantología del Microrrelato II, y es de ediciones irreverentes”. Ése el licor prohibido: tómelo con cuidado: se esconde allí dentro demasiada gente lista de medio mundo: Ignacio del Moral, Alonso de Santos, Joaquín Leguina, María Zaragoza, el peruano Fernando Morote, el venezolano Juan Martins, y otros ya difuntos, como Rubén Darío, como Ricardo Güiraldes.

Pruébenlo:  verán aquí fotógrafos torpes en Navidad, ángeles que mueren de frío, tías de otra época que ponían firmes a los curas, hombres de pecadillos contra natura jugando a reinterpretar a Mozart, mujeres vestidas de mamarrachos por las calles libres de una gran ciudad. Un tanto de lágrima, y otro tanto para reír. Porque usted será una persona modélica, pero aún siente un pálpito ahí dentro. Opino.

(…)

Javier Calvo camina desde hace tiempo sobre tierras oscuras. Espiritualmente, pero en oscuro. En su último viaje literario ha recalado en Suomenlinna. Tomen nota: Suomenlinna, en la editorial Alpha Decay. Hay mucha oscuridad en Alpha Decay: toda buena. Apetecible.

En Suomenlinna encontrarán tierras brumosas en el círculo polar, un grupo patético de adolescentes, y mucho black metal. En el aire Odín enciende el fuego de su culto, y la condena de los herejes, y en la tierra esos muchachos sin norte (fíjense: y en Finlandia) se deciden a ser los guerreros de los dioses olvidados. Hay mucho más ahí: hay frío, y hay una existencia fría entre seres fríos. Hay frustración. Hay una película titulada The Wicker man que enciende cada página del libro, y lo multiplica. Hay algo de Mirkka Rislakki que acaba untando las manos con las que sostenemos el libro.
Hum: Suomenlinna…

(…)

y tres: el lado oscuro está lleno de carcajadas. Particularmente si leen a José Luis Alonso de Santos. Reeditada ahora por ediciones Irreverentes aparece “fuera de quicio”. Fuera de quicio es teatro. Y teatro para ser leído, ahora que ya no hay gobierno ni ayuntamiento que pague a los actores las facturas que les deben. Ah, pero ahí está el libro para echar fuera de quicio cuanta rémora ha puesto sobre nuestras cabecitas honradas este mundo perfecto a la medida de bancos y palabreros y prometedores de paraísos y de paces interiores. Fuera de quicio es el disparate, y la risa buena, la que pone en la picota los principios benditos que usted, y yo, y cualquiera que tenga la tentación de vivir como un ciudadano modélico jamás se atrevería a poner en entredicho.

Pero ¿qué es la literatura, si no? Lean Fuera de quicio: un manicomio donde sólo los locos mantienen la compostura, donde los que gobiernan asesinan y cultivan el espionaje, donde las monjas trapichean con droga, y en fin, no hay verdad en la que creer a menos que uno haya perdido la cabeza, y por supuesto la única forma de supervivencia es haber perdido la cabeza. Si el protagonista al final saltara desde la ventana al cielo de la Rayuela, por fin habríamos cerrado el círculo de la literatura de ambos lados del océano.

Tres libros que les recomendamos. Tal vez luego dejen de ser ciudadanos ejemplares, y vuelvan a fumar, y tal vez incluso incurran en el delito imperdonable de no pagarle las letras al banco.

Pero tranquilos: para entonces la vida habrá pasado, y una vez más la literatura les habrá enseñado a vivir. Plenamente. Es lo que encontrarán en este lado oscuro.

Yo simplemente, se lo advertí.

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