Eleanora ve la luz*

Eleanora recuerda ahora que al final de aquella tarde la decisión de marcharse ya estaba tomada. Lo recuerda ahora que, en tantos aspectos, ella es otra. No sabe decir en qué momento exacto su mundo tangible se cobra otras claves. Haciendo memoria puede verse a la salida de misa de tarde, en el jardín. Está sola y es de noche. Sobre su cabeza hay un mar de estrellas que le enseñan el pasado, en abismo. Pero el mar es un pequeño cuadro que limitan la barda y el edificio que es el internado. Un trampantojo, piensa. El mar de estrellas es inmenso, y rodea la tierra como una boca interminable, pero yo, desde aquí, solo veo un cuadro. Un cuadro minúsculo. Mi familia es otro trampantojo. Las monjas, el internado, me dejan ver un cuadro muy pequeño, que simula englobarlo todo. Vivo en un hermoso trampantojo.
Salir del trampantojo.



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