YO IBA A SER HOMERO, DE PAULO LEMINSKI

Publicado en Periódico Irreverentes

Paulo Leminski

Paulo Leminski dijo adiós con 44 años. Adiós, en general, a la juventud, a la poesía, al alcohol, a la dimensión hombre. Se marchó habiendo vivido una vida concentrada en experiencias de las que se nutrió su materia poética, y habiendo optado por la poesía como modo de supervivencia. Desconozco si hay modo mejor de supervivencia. En Brasil se le tiene por uno de los escritores más influyentes de la poesía de final del siglo XX, mientras que en España no es más que otro de tantos nombres pintorescos y en igual medida ignorados. Para reparar esa carencia Kriller 71 Ediciones ha asumido la responsabilidad de hacer justicia al poeta brasileño (y un gran favor a nuestras letras) editando por primera vez en España una selección de sus poemas bajo el título de Yo iba a ser Homero. Sube así la cotización de esta pequeña editorial que dirige Aníbal Cristobo, y que con solo cuatro libros editados hasta la fecha ya ha dado pruebas suficientes de buen criterio al poner bajo su foco la poesía latinoamericana de largo aliento que aún permanece desconocida en la península.

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Hablemos de Leminski. Buena parte del respeto que se le tiene a Leminski entre los poetas actuales (e incluso entre una buena parte de la masa no afecta a la poesía) tiene que ver con su ejercicio consciente de la forma breve. Fue amante del budismo zen cuando lo zen no era tendencia, escribió la biografía del poeta Matsuo Bashō (S. XVII), se dejó seducir por el haikai y se dio a la tarea de cultivarlo.

al abrir un nuevo cuaderno

descubrí esto:

antiguamente yo era eterno

Pero es sobre todo su constante interpelación a la vida, su enfrentamiento al sinsentido lo que hace de la poesía de Leminski un artefacto de alta capacidad comunicativa y valor inmediato. Leminski se lanza a un empeño de raíz semántica, y a ese supedita su labor poética. Nada que ver con la poesía especulativa que rehuye el sentido o la que juega en el aire. La función poética en Leminski consiste en condensar en el menor espacio posible todo el verso que indaga en los entresijos de la existencia. Por alguna razón sigue siendo hoy, más de veinte años después de su muerte, un excepcional proveedor de poesía necesaria (a la manera que reclamaban los poetas sociales) para un público no experto. Sus poemas se difunden ampliamente, revierten en el acervo común, tatúan inesperadamente las pieles de las ciudades…

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…lo cual será siempre motivo de sospecha entre cierto conservadurismo estético, pero a la vez prueba fehaciente de la actualidad de un poeta. Hablando de conservadurismo no estará de más insistir en que Leminski fue siempre un autor iconoclasta, poco entusiasta de lo académico. Tuvo estudios superiores, es cierto, aunque la dictadura fue causa de que no los culminara. Y antes de eso había sido un muchacho con inquietudes intelectuales que a los doce años entraba en el monasterio de São Bento, en São Paulo, y estudiaba Latín, Filosofía, Literatura clásica. Y con 19 años se ligaba al núcleo concretista de São Paulo (fundamental en él la huella de Haroldo de Campos). El Rimbaud brasileño, acabaron llamándolo en aquellos años 60 tan proclives a la mistificación.

molino de versos

movido a viento

en noches de bohemia

llegará el día

en que todo lo que yo diga

sea poesía

Un iconoclasta, decía. Pero un iconoclasta de fe y práctica, no de estampa, no de efecto. Se muestra así y con todas las consecuencias en su primera obra en prosa, Catatau (1976), un artefacto rompedor en la línea del Joyce de Finnegans Wake, donde se puede rastrear también el

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aliento de Guimarães Rosa o de Beckett. Seguirá esta línea en otras obras en prosa publicadas de manera póstuma: Agora é que são elas (1983), y Metamorfose (1994), pero lo hará siempre a través de su obra en verso, tan proteica, tan capaz de desenfreno para alumbrar formas nuevas:

Poemas Leminski

No es posible hacer una semblanza de Leminski, por breve que sea, sin aludir a su inteligencia prematura, su poesía prematura, y por tanto, a su interés por la forma aforística popular, la ironía, la palabra vulgar y cualquier otro elemento que a su inteligencia se mostrara como vía válida del sentido.

ese pauloleminski

es un perro loco

al que hay que matar

con palos con piedras

con fuego en la proa

si no es muy capaz

el hijoputa

de hacer llover

en nuestra barbacoa

La buena noticia es que para la inmensa mayoría de los lectores en lengua española Leminski no ha hecho más que llegar, y ha sido gracias a esta edición concupiscente que presenta Kriller 71 Ediciones, con texto bilingüe en traducción del propio Aníbal Cristobo. Es, ya ven, una excelente noticia. Lo que pedimos a Leminski, ahora que ya no necesita de más muertes prematuras, es que se quede y haga de puente a esa poesía hermana que es la brasileña y que tan poco se predica entre nosotros. A Kriller 71 Ediciones le pedimos que siga en esa línea de difusión de lo americano (lo sé: acaban de publicar Instanto, de Arnaldo Antunes, lo tenemos pendiente); así empezaremos a poner remedio a este estúpido desconocimiento entre tradiciones poéticas que no es de sabios tolerar.

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