Entrevista a Iván de la Nuez para BLISSTOPIC

IVÁN DE LA NUEZ

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“El comunista manifiesto” representa un quiebro redondo, sensato, desarrollado en un texto brillante escrito según el espíritu del ensayo clásico. Como tal, parte de relatos parciales, de aproximaciones a hechos con capacidad ilustrativa, para acabar echando un pulso al lector, que se verá obligado al final a cerrar esa panorámica extensa de imágenes límite en que se ha convertido el siglo que vivimos, dentro y fuera del ámbito Arte. “Un fantasma recorre el mundo” era la frase con que se abría “El manifiesto comunista” de Marx y Engels. Según Iván de la Nuez, ahora es cuando esas palabras cobran sentido. 

Insistes en varias ocasiones en que tu intento con este libro es hacer acopio de síntomas, y no tanto elaborar una teoría sobre la pervivencia de Marx en el Arte. Me pregunto si en lugar de síntomas no habría sido más perentorio elaborar un diagnóstico adecuado a este momento histórico que vivimos.

Este libro es un cúmulo de relatos y diagnósticos sobre el regreso del Comunismo. Yo no hablo de la permanencia del Comunismo, sino de un revival del Comunismo dentro del Capitalismo, sobre la lógica cultural del capitalismo actual. Intentaron vendernos que había concluido la Guerra Fría, cosa que es verdad, y que después de esa victoria venía la occidentalización absoluta de las sociedades del Este, y venía el mundo liberal, aburrido, solaz, que pregonaba el fin de la historia. Yo me di cuenta de que esto no era verdad. Lo que estaba haciendo el Capitalismo no era barrer, enterrar, digamos destrozar el Comunismo, sino lo que estaba haciendo era colonizar el Comunismo. Ese proceso de colonización trajo consigo un proceso de absorción. El Comunismo empezó a ser deglutido por el Capitalismo. Yo soy un crítico de la cultura y del arte, y me muevo en términos de la iconografía, la literatura, el teatro, el cine, la publicidad… y se puede  ver cómo el comunismo fue asumido en las tripas del capitalismo, por ejemplo, en el tema del plutonio, en formas totalitarias, en la mengua creciente que ha tenido la democracia en Occidente. Entonces, es verdad: fue la victoria del Oeste sobre el Este, de la democracia sobre la tiranía, del mercado sobre los planes quinquenales, pero también, a mi juicio, y de manera creciente, fue una colonización del Este sobre el Oeste. No solo no se tira todo lo que hay del lado de allá, sino que se reutiliza. Y ese es el canon que sigue vigente.

En cuanto a sintomatología, no hago más que seguir lo que nos enseñó Montaigne a la hora de escribir ensayos: los ensayos son un acúmulo de relatos en los cuales va tomando forma la idea. Digamos que los teóricos ese relato lo unifican en el discurso. La diferencia entre una teoría y un ensayo está en que el ensayo lo difumina el relato. Si hay una verdad, no es porque lo diga la teoría, sino porque ha ocurrido como aparece en los diferentes relatos.

 

Los síntomas de que el comunismo perdura a día de hoy los encuentras en sitios muy diversos; aunque el núcleo temático del libro lo fijas en el mundo del Arte, lo cierto es que de ahí derivas tus conclusiones hasta el análisis de los nuevos rumbos políticos. Un camino insospechado, confieso.

Digamos que lo que hizo la revolución bolchevique en un principio fue pasar el arte por la agitación y propaganda:MaiakovskiDeineka… todos esos artistas lo que hicieron fue usar su arte para hacer propaganda comunista. Es importante porque en esa primera fase lo que hacía falta era un proceso de iconización de cara a la sociedad que se estaba montando: el obrero con el martillo, el astronauta, etc. etc. y lo que ocurre después es un proceso de desiconización. Hay un superhombre en términos nietzscheanos que crean los artistas para la propaganda, y hay una terrenidad en el arte que crean ahora, desde la propaganda, que les permite entonces ironizar.

El otro tema que yo creo interesante es el de un trasvase entre Capitalismo y Comunismo. Tomo la tesis de Boris Groys acerca de Stalin como obra de arte total, donde él considera queStalin montó aquel tinglado de poder siguiendo las pautas de la ópera de Wagner (él lo controlaba todo, lo dirigía todo: los movimientos, los cantantes, los protagonistas). Eso es muy curioso.

Cuando llegamos al desplome soviético, al momento en que se está volando la Unión Soviética, hay dos artistas que son Komar y Melamid, que se tienen que exiliar a Nueva York. Habían sido censurados, se habían enfrentado con el PC. Habían hecho una mezcla muy rara de contracultura, performance y realismo socialista. Cuando pasan a NY es la era Reagan, y ellos descubren que los usos artísticos que suponía el reaganismo se parecían mucho a lo que se llamó el Realismo Socialista (Chuck NorrisSylvester Stallone, y aquello de “Un país tiene que estirar sus músculos”). Y comienzan a hacer grandes cuadros al estilo soviético ya en NY. Era todo ironía. En mi libro se analiza en un capítulo titulado “Stalin Neocon”, algo que termina en el Tea Party y en John McNaughton que es el pintor por excelencia del Tea Party que, para un movimiento absolutamente autoritario y de verdades absolutas, es el pintor perfecto, porque no admite dudas. “El demonio está aquí. El país va a la ruina. En los Estados Unidos se ha instaurado el socialismo”, etc., todo ese discurso del Tea Party está centrado en una pintura que es bastante parecida a la pintura soviética (cosa que pasó también en los años 30 entre cierta escultura americana y cierta escultura soviética).

Sí, está ese lado naíf, reduccionista…

… propio de la doctrina.

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En los abundantes ejemplos que citas se observa cómo esa idea la plasma el arte. El libro todo es un vasto panorama del arte del S. XX y sobre todo del XXI, lo que genera una lectura lateral muy atractiva del libro como historia política del arte actual.

Las variaciones de Solari, por ejemplo; yo lo veo como una sala de videoarte tremendo, aunque con la crisis que vivimos no creo que nadie pueda asumir esa exposición. O las fotografías del fotógrafo francés Eric Lusito sobre las ruinas del mundo soviético…

El libro es mucho más que un análisis de la pervivencia del marxismo como tal. De hecho estamos en momentos en que la política sigue una deriva extraña en la que, ahora que no hay enemigo enfrente, el capitalismo adquiere matices milenaristas.

Es que cuando tú colonizas, te contaminas. Los mulatos y las mulatas no hubieran existido sin una conquista y una colonia en el Caribe. Esa contaminación ha traído todo tipo de mestizaje. Esa simbiosis sobre la que yo intento llamar la atención, del Comunismo-vencido con el Capitalismo-vencedor sigue esa línea de dogma que tú mencionas. Cuando cayó el Muro (yo vivía en la Habana, en un país comunista que sobrevivió a esa debacle), hice dos cosas: primero, celebrarlo, y segundo, decir que el Muro se caería hacia Occidente también. Cuando llegué aquí a Europa, en el año 1991, continué con esa idea, aunque aquí la celebración parecía perfecta a los anticomunistas, y los comunistas me colocaron en el lugar del anticomunismo; los liberales, por su parte, me vieron como un poscomunista.

Parece que no tenemos buena memoria: el que prohíbe el PC en Rusia es un antiguo miembro del buró político del PC (Boris Yeltsin), y quien ha regido los destinos de Rusia desde entonces es un antiguo coronel del KGB (Vladímir Putin), con lo cual no podemos decir del todo que esa simbiosis no ha existido. Y por último, yo creo que si alguien ha salido vencedor de la Guerra Fría ha sido esa mezcla de autoritarismo, o totalitarismo incluso, con mercado salvaje que se llama Nueva China. Me dicen que “eso no puede ser así”, “lo que está ocurriendo”, o “lo que va a pasar”… pero yo simplemente voy relatando hechos: en 2011 pude ver cuatro exposiciones comunistas, tan solo en España (Barcelona y Madrid): eso es lo que ha venido ocurriendo y es lo que me ha llamado la atención. Con el flux que tiene siempre ese gusanillo de pensar el mundo al revés, que es más interesante que seguir las pautas del mundo al derecho.

“Ahora ―dices casi al final del libro― se ha conseguido el punto de éxtasis perfecto de un mercado que regula al Estado, asumiendo parte de sus funciones para devorarlo más tarde”. Puedo oír ese grito orgásmico taladrando los oídos (como diría Lorca).

Fíjate que ni Ronald Reagan, ni Milton Friedman hubieran aceptado lo que aquí ha ocurrido. No es que el Mercado sea el dominador y regulador de nuestras vidas, y que nosotros nos relacionemos prácticamente a través del Mercado, es que aquí estamos asistiendo a un suicidio descomunal del Estado, que está legislando a favor del Mercado, por eso lo llamo Stalinismo de Mercado. Y no puede ser casual, en ese estado de cosas, que estemos gobernados por una troika. ¿Tengo que decir más sobre la situación?

Creo que tu tesis se perfila con claridad, aunque en los comienzos el libro desconcierta con algo que parece un titubeo (hablo desde el punto de vista del lector que llega a la obra sin aviso previo).

El libro empieza de una manera volátil, porque recuerda que sigue tres partes: la primera es El fantasma, la segunda es La sombra y la tercera es El cuerpo. Y de esa forma va de lo fantasmagórico a lo más crudo. Eso es así por una razón: El manifiesto comunista empieza con una metáfora: “Un fantasma ―o un espectro― recorre Europa”. Esa metáfora es infeliz, me chirría un poco (salvando las descomunales distancias que nos separan de esos dos pensadores, Marx y Engels), porque un fantasma no puede venir antes que el cuerpo, que la vida misma. Cuando el fantasma surge es que algo ha muerto, por eso me di cuenta de que es ahora cuando estamos en el momento del fantasma. Una vez dado por enterrado el Comunismo, es cuando ese fantasma ha empezado a tirarnos de los pies. En esa primera parte hablo de las variaciones sobre Marx, novelas que lo mencionan, publicidad, tarjetas de crédito con su rostro…

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…la ironía llevada al extremo: Marx en una mastercard.

El fantasma en el arte, en la cosmonáutica, en la fantasía, en la cinematografía… todo eso va tomando cuerpo, y es en la tercera parte donde entramos con el 15M, en una realidad que tiene que bascular entre un fantasma, que es el de Marx, y un cuerpo siempre presente, que es el de Lenin. Y entre ambos (lo etéreo y lo no enterrado) está como plomizo ese enorme cuerpo que no se sabe lo que es todavía, que se convierte en una máquina burocrática, que es Stalin. Todo esto está mirado desde Occidente. Mi pregunta es si asumiendo el Comunismo, que era su enemigo de la Era Moderna, el Capitalismo no se ha visto sobrepasado por su enemigo de siempre, y si esa ingestión no acabará convertida en indigestión.

Y puestos a hablar del 15M, recuerdo que en el libro citas a Deleuze y Derrida como deudos tuyos, pero marcas distancia con Stéphane Hessel, pese a que fue un icono del movimiento.

Yo no tengo contra Hessel nada en el plano ético, pero me molesta el uso del panfleto en política porque el panfleto es el lugar donde va a morir el pensamiento, y porque vengo de una tradición comunista de panfleto estatal que me resulta insoportable. Tenemos que el bueno de Hessel, que por otra parte es un hombre admirable, con una trayectoria tan heroica como desgraciada, [se convierte en portavoz de los indignados]: ¿se movió a la izquierda para abanderar el 15M? Yo creo que no, lo que se movió a la derecha fue el mundo. Y a un buen hombre, liberal, demócrata, que creía en las constituciones europeas y en la Declaración de los Derechos Humanos, se le fue escorando a la izquierda, sin él desplazarse demasiado. Esa es la ironía de que él sea una de las grandes lecturas del 15M.

Por otra parte la emprendo contra los panfletos (y “El manifiesto comunista” es un panfleto disfrazado de ensayo). Lo que me parece importante es que el movimiento del 15M sí ha traído un resurgimiento del ensayo, y mi libro se mueve en esa línea, en el sentido de que no hay mejor época para ensayar que esta, entre otras cosas porque el ensayo es un género pobre (los ensayistas no nos vamos a hacer ricos, como no sea haciendo ensayo disfrazado de autoayuda).

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Ahora hablo como ciudadano necesitado de un rumbo: al 15M se lo ha criticado desde todos los flancos, pero lo que es insoslayable es que el movimiento señala que existe una energía flotante, indignada y camino del resentimiento. Esa energía se merece una canalización.

Voy a empezar con una anécdota, como en el libro, y después te responderé. Cuando se vino abajo el muro,  para los que vivíamos bajo el comunismo nuestra ilusión era el multipartidismo. Los hijos de nuestra generación, y muchos de ellos están en la plaza con el 15M, lo que quieren es tumbar la partitocracia. Fíjate qué velocidad ha alcanzado el mundo en menos de 25 años. Pienso que creer que toda la organización del descontento tiene que traducirse en una figura que se llamapartido, y que toda conducción de la sociedad tiene que ir a morir a otra figura que se llama estado es la crisis de ahora mismo, y eso el 15M lo capta muy bien. Por otra parte no hay que olvidar que el 15M tiene brida socialdemócrata, comunista, anarquista, y tecnofetichista… tendencias que son diversas, y no del todo armónicas. Dicho esto, creo que el 15M evidencia la crisis del estado, la crisis de los partidos y la crisis de los sindicatos, para bajarlos a la tierra. Eso es evidente. Cómo ese descontento se convierte en la fuerza motora de un cambio de política ―y aquí vuelvo al libro―: será por un cambio en los estatutos  fundadores de la política. La política moderna capitalista de occidente ¿sobre qué base se erige?: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Hay varios pensadores en torno al 15M (y otros anteriores) que han notado que eso quiebra, que así como hablamos continuamente de Libertad, la Igualdad y la Fraternidad son términos, si no olvidados, sí menos difundidos.

En cambio, yo como buen occidental, también me nutro de ese imperio retomado, y recuerdo que había tres lemas que llevaron a esas sociedades a derribar el comunismo: Reconstrucción, Transparencia y Solidaridad. Y digo, ¿no sería posible usar los términos que sirvieron para tumbar el comunismo en la reconstrucción del occidente capitalista? Si el comunismo se vino abajo, el capitalismo no va a ser un sistema eterno, no tiene por qué serlo. Este asunto de la finitud del sistema, y lo que va a pasar después me parece muy interesante.

 

Sin embargo, en los primeros compases del libro insinúas que estamos condenados a permanecer así mucho tiempo, dado que “ni el Estado puede realizar su dominio en la sociedad, ni la sociedad quiere realizar su alternativa en el Estado”. Auxílieme.

Hay un momento de tensión entre la política y el mercado: el Estado no puede ir más allá con la sociedad, está despojando todo lo social de su política, el estado se está divorciando de la sociedad con toda su política de privatizaciones, y llega el punto en que la sociedad no quiere asumir parte de ese Estado que no le devuelve nada. ¿Cuál es su punto de encuentro? El mercado. Es una situación crítica. Date cuenta que lo que no hubiera ocurrido con los liberales originarios, está ocurriendo ahora: que el estado intervenga pero ¡para salvar a la banca, no para dominarla! Ni Friedman, ni Reagan hubieran aceptado eso jamás. Aquí el estado interviene de cara a su propio suicidio. Y ha sido a una enorme velocidad.

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