Los hilos del destino, de Clara Asunción García

Con Clara Asunción García me une la patria chica. Ambos somos de Elche, estudiamos en el mismo colegio, nos aburrimos entre las mismas palmeras. Acabamos marchándonos, también. Habitamos más patrias: la libertad como espacio amplio e incluyente, y la Literatura, ese territorio ilimitado, generoso. Si de lo que hablamos es de esas tres, creo que ambos somos muy patriotas.

En 2012 Clara Asunción llegó a los lectores con El primer caso de Cate Maynes (Egales), una novela de detectives protagonizada por una militante lesbiana a la que el dinero no le podía tanto como la causa y, en fin, así le iba en lo profesional. El personaje resolvía su caso revolviéndose contra la intolerancia homófoba y en el camino se pertrechaba de todo recurso posible a la ironía, la autoparodia, el humor. Volvía a aparecer meses más tarde en la antología Fundido en negro (Alrevés, 2014), con un relato en clave queer titulado “Un perro llamado Úrsula” y que servía de episodio cero en el currículum de Cate Maynes. Allí contaba el desopilante y nada glamuroso caso en el que Cate ayudaba a un niño a encontrar a su mascota de nombre ambiguo, algo que servía de paso para ponernos en antecedentes y descubrirnos no menos las distintas caras de la detective que su red de fuentes y paliativos de emergencias emocionales. Pues bien, su segundo caso de envergadura acaba de llegarnos en los estertores del 2014, ha sido publicado por Egales y se titula Los hilos del destino.

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En este nuevo empeño de Cate Maynes se ha agudizado el lado sentimental de la detective. Se le plantea un enigma, y de nuevo de una manera original al presentarse en su despacho un tipo llamado Dominicus Nan que afirma no saber muy bien quién es ni qué hace en el mundo y que desde luego no se ha planteado antes pasar por un psiquiatra. Los casos de Cate Maynes son así, siempre. Ahora bien, si lo que el lector espera es que esa trama se vaya desmadejando a continuación al modo convencional, va a sentirse incómodo, porque a Cate (y a su autora) le preocupa mucho más que los “hilos del destino” se empeñen en enredarla una y otra vez para hacer cisco de su equilibrio emocional. A lo largo de casi 200 págs., y contra todo pronóstico, el foco se halla centrado en la zozobra de Cate por unos amores que no cuajan, y la tortura por los amores pasados que no terminan de olvidarse. La trama emocional acaba siendo, con este planteamiento, el centro indiscutible de la novela o, cuanto menos, similar en importancia al caso detectivesco. Forma parte de esa trama un nutrido grupo entre el que está la gente del bar donde ahoga las penas, su nueva amante y su propia madre, una sorprendente aparición hacia mitad del libro que va a jugar un papel inopinado dentro de la narración.

Ante todo, leer a Clara Asunción García deja una impresión de solvencia narrativa. Hay un aplomo en su forma de narrar y muy especialmente en sus diálogos que son prueba de una técnica en momento óptimo. Diseña personajes, crea situaciones, mueve la acción y, además, frasea con garantías de someter al lector. Todo eso queda en el haber de la autora, y una vez leídos sus primeros títulos, parece que son prendas que se quedarán e irán perfeccionando. En el debe hay también algunos elementos, entre los que destaco el manejo del tiempo. Escribir es oficio tortuoso, se fragua letra a letra y línea a línea, lo que facilita una pérdida continua de la perspectiva. Para ello, una novela requiere frecuentes revisiones a vista de pájaro de eso que llamamos macroestructura, donde se debe reseguir la idea global que busca conseguir el/la autor/a. En el caso de Los hilos del destino esa arquitectura global pierde proporción en el aspecto sentimental de la protagonista, lo que genera al final una necesidad de amontonar pesquisas y explicaciones en un espacio muy breve, innecesariamente breve. También en el debe se encuentra el recurso al lector, a quien se le llama una y otra vez esperando su visto bueno, su sonrisa de colega, algo muy decimonónico y que hay que administrar con cautela. El público no es lerdo, ya lo sabemos, y no se le debe estimular a base de risas enlatadas. Otra cosa es que se trate de una elección, pero dudo mucho que ninguna autora o autor quiera en sus filas un público mayoritariamente de este tipo.

La obra, en resumen, deja un saldo muy positivo, aumentado por ese final abierto con el que la autora promete una nueva entrega que, esta vez sí, parece que va a decantarse como una trama puramente sentimental. Habrá que esperar a ver qué tipo de detective acaba siendo, y cuáles son sus próximos enredos, y no desde luego no parece que vayamos a tardar mucho en saberlo. A la vista está que Clara Asunción García continúa en racha.

Los hilos del destino, de Clara Asunción García.
Ed. Egales.
364 págs.
19,95 €
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