La balada de Eleanora Aguirre

La balada de Eleanora Aguirre

Esta es la historia de Eleanora Aguirre.
Eleanora Aguirre no eligió nacer en México. No pidió que la llevaran a un internado de monjas. No decidió su nombre, su suerte en el entramado histórico, su diseño genético. No sabía que a su alrededor el tiempo había entrado en un vórtice cuya velocidad iba en aumento y  que se multiplicaban en todas partes (como en una metástasis planetaria) guerras, grupos revolucionarios, cárceles para disidentes, nuevas formas morales. Y la música. Otra música que no había escuchado en su México natal.
En cierto momento Eleanora decide. Por primera vez. Y ahí arranca su historia.
No todo lo que tiene nombre de humano accede a esa dimensión. Por eso solo unos pocos engendran historias dignas de ser contadas.
Esta es una de ellas.

La balada de Eleanora Aguirre
México, 1970
NUEVO LEÓN
Eleanora Aguirre estudia en un internado para chicas de buena familia.
México entero se extasía oyendo a Lola Beltrán, Miguel Aceves Mejía, Jorge Negrete, Lucha Villa.
A veces Eleanora va al cine con otras chicas del internado.
Su horizonte más lejano es apenas el domingo próximo, si es que hay cine.
U.S.A. 1970
CALIFORNIA
Hay guerra en Vietnam. Los soldados americanos luchan en defensa de la Libertad y de la democracia. El comunismo es enemigo de ambos, y por supuesto es enemigo de América. Y el comunismo está a las puertas: en Cuba.
En la radio suena Johnny Cash, suena Jimmy Giuffre, a menudo música estridente: Jimi Hendrix, Janis Joplin, Grateful Dead.
Los Kansas City Chiefs han ganado la Super Bowl.
Desde los púlpitos se alerta de que el ácido no es más que el arma del diablo para poner a sus pies a la juventud americana.
En la revista Rolling Stone, Hunter S. Thompson publica un artículo titulado “Freak Power in the Rockies”.
Unos meses después Jim Morrison se marcha a París.
Elvis Presley ha engordado.

Eleanora Aguirre se confiesa así, a punto de concluir su historia: No necesito nada. Quiero estar aquí un tiempo, conocer gente, vivir esto que está pasando aquí, luego ya veremos. Casi todas sus intenciones se hallan condensadas en esa frase. Bueno, falta un detalle: Y conocer a Janis. En los primeros compases de la novela le ha dicho a una amiga: Mira: Monterrey. Si en Monterrey hay gente como esa Janis, no sé qué chingados hago yo en este internado. Aquí no vamos a ver nada del mundo. A una hippie que conocerá más tarde le espeta: Todo eso es una forma de huir. ¿De qué huyen ustedes?

Esta novela es la narración de un viaje.

Corren los años 70 y México es ancho y ajeno a los ojos de Eleanora Aguirre. Pero no es temible. O no lo suficiente como para agarrotar sus pies. En el camino hay gente diversa y hay ciudades y hay música, en todas partes música: corridos y rock, y rancheras y rhythm & blues. ¿Alguien dijo Joplin? Sí, Joplin también está en el horizonte. La brújula de Eleanora Aguirre se obceca en marcar la dirección hacia Janis Joplin. Eleanora es una muchacha y es una metáfora. Habla de los descreídos, de los que dudan, de los que deciden irse. Es una apología del flâneur. Del inadaptado también, que acaso sean una sola y la misma cosa. En el aire suena Vietnam, y Tlatelolco, y cantan hippies, y otros preparan la revolución. Pero lo que fascina es el camino.

Esta novela es la narración de un viaje.

 

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